Existen personas que tienen una opinión contraria a la
existencia de los espíritus, porque no los ven, no los oyen o no
lo sienten. Su opinión es la inexistencia de estos seres. Otros
establecen la veracidad de su existencia; y un tercer grupo
siente molestias de algo, presume la existencia de espíritus
pero no sabe como manejar esta situación.
En este tema existen verdaderos especialistas, llamados
simplemente espiritistas. Lógicamente como en cualquier
actividad, ciencia u ocupación existen impostores. El
espiritista y el Espiritismo se reconocen no sólo por la lectura
de los libros de Allan Kardec (la teoría), sino además por la
práctica fehaciente de la moral doctrinaria y de las enseñanzas
de Jesús de Nazareth. El verdadero espiritista ayuda sin esperar
nada a cambio; es el motivo de estas humildes líneas: ayudar al
prójimo.
Volviendo al tema de las molestias espirituales, podemos
comparar a las tres opiniones antes mencionadas de la siguiente
manera:
1) Hay personas que no pueden sentir o ver las bacterias que
pueden producir cierta enfermedad. Para ellas no existen.
2) Otras personas dan veracidad de la existencia de bacterias
que pueden producir dicha enfermedad.
3) El tercer grupo siente molestias y no sabe fehacientemente si
son bacterias o no.
Seguramente las personas del segundo grupo son especialistas en el tema, posiblemente sean médicos que ven la existencia mediante el microscopio, ven las consecuencias del accionar bacterial y de esa manera pueden diagnosticar. Es decir, que los médicos poseen el “conocimiento” de la existencia de aquello que afecta a la salud. Así como los médicos poseen aparatos para ver las bacterias; los médiums poseen la mediumnidad para percibir a los espíritus. De la misma forma que afecta una bacteria quizás por defensas bajas del organismo, de igual modo afecta la molestia espiritual. Es decir que las defensas bajas espirituales son producidas por la cólera, la maldad, el nerviosismo, el stress, etc., etc.; de todo aquello privativo de la paz interior.
Existen mecanismos de defensa, principalmente en la oración hacia Dios nuestro Creador. Pero no hay que olvidarse de la condición del médium, permitiendo un acercamiento más asidero de espíritus de distintas características, ávidos de poder comunicarse. Cualquier persona de la Tierra puede ser médium, sea o no espiritista. Ha nacido con la predisposición de ser médium y permitir la comunicación entre los seres invisibles y los de la Tierra.
La necesidad de los espíritus de comunicarse, es precisamente afirmar su existencia, que están vivos y dialogar sobre sus problemas. Pero esto último, es un acto educativo de transformación moral y cultural hacia el ser, perteneciente al Espiritismo. Recomendamos la lectura del capítulo IX: “Intervención de los espíritus en el Mundo Corporal” de “El Libro de los Espíritus” de Allan Kardec.
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