Muchas veces escuchamos hablar de este juego realizado en ocasiones por
curiosidad o divertimento.
Las personas que generalmente “juegan” con la copa, no tienen el conocimiento
espiritual adecuado para inferir de esta acción, conclusiones verdaderamente
acertadas. Desconocen la existencia de entidades incorpóreas, de un mundo
espiritual que nos rodea.
Escuchamos mencionar habitualmente:
“La copa se movió por el poder mental de un asistente”.
“Se mueve porque todos estamos pensando en ello”.
“Se mueve porque existen espíritus”.
Para el escéptico será solamente la acción del cerebro humano. El incrédulo
opinará que no existe movimiento de la copa, simplemente porque no cree.
El curioso siente saciada su curiosidad cuando se produce cierto fenómeno, pero
luego experimenta miedo. Al espiritista le causa generalmente cierta
indiferencia, y en ocasiones rechazo.
Analizando cada uno de los casos anteriores (pueden existir más), observamos: El
escéptico no cree en el juego de la copa porque de antemano ha rechazado la
posibilidad de la intervención de un ente distinto a los concurrentes.
El incrédulo se inclina por la inexistencia de este juego, le resta veracidad,
porque su fe es distinta o no comparte aún cuando se producen hechos
fehacientes.
El curioso necesita saber, comprobar, estudiar, arriesgar, analizar; su
naturaleza lo conduce más allá.
Sin embargo algo lo paraliza: el miedo, lo desconocido. La persona intrépida,
curiosa, segura de sí misma, seguirá adelante, cueste lo que cueste. Quiere
investigar hasta el final.
Pero el miedo, paraliza, desorienta. ¿Por qué se produce?, porque las personas
que acuden simplemente por curiosidad a la realización de este fenómeno, no
esperaban de la reunión respuestas tan concluyentes.
En un caso real varias personas se reunieron con el propósito de realizar el
famoso juego, todas ellas de distintas opiniones incluso de diferentes
religiones. Ante el asombro general no sólo la copa se movió sino además, indicó
a los asistentes un nombre y un número de teléfono, seguidos de las palabras:
“estoy vivo”.
Como era de esperar y ante el asombro de todos, era evidente que alguien había
transmitido los datos. Se generó un diálogo sobre la veracidad o no de los
mismos y la siguiente pregunta: ¿Alguien conoce este teléfono y este nombre?
Todos sin excepción contestaron que no. Existían dos opiniones, dejar las cosas
así, o seguir. Por supuesto que los intrépidos y curiosos con el consentimiento
de los restantes, optaron por comprobar la veracidad y autenticidad del hecho.
Fue así que realizaron la llamada correspondiente, contestando afirmativamente
la madre del joven en cuestión, que su hijo se encontraba pero no podía atender
el teléfono porque hacía poco tiempo que se encontraba durmiendo. El asombro fue
abrumador. El silencio colmó el lugar donde se encontraban los asistentes.
Luego, surgieron opiniones y comentarios de distinta índole: -
“Yo no creo” -
“A mí no me gusta esto” -
“Se nos fue de las manos” -
“Si nosotros no conocemos a ese joven,. ¿cómo se produjo esto? -
“Tengo miedo” -
“Tengo miedo es algo serio” -
“Tengo miedo pero quiero ir mas allá. Tengo curiosidad”. -
“Hablar con los muertos me hace mal es cosa de espiritistas. Pero si el joven
dijo que estaba vivo (acoto un asistente)” -
“Consultando a religiosos de distintas creencias, contestaron que no era
conveniente seguir investigando. Algunos atribuían las consecuencias al Diablo”.
En el juego de la copa, ¿interviene el Diablo?
¿Los efectos son consecuencia de la mente de los asistentes?
¿Por qué no es conveniente seguir investigando, como opinan algunos religiosos?
¿Es peligroso?
¿Existe participación de los espíritus?
¿Es espiritismo?
Contestamos desde la opinión espiritistas las anteriores preguntas: El Diablo no
existe. Díos es único, justo, bueno, y todopoderoso. La existencia de un ser en
iguales condiciones es imposible por el carácter de unicidad. Además la creación
por Dios de un ser como el Diablo, se contradice con la condición de bueno y
justo.
Los efectos del juego de la copa no son atribuibles a las mentes de los
asistentes ,o a la capacidad cerebral de los mismos, porque el cerebro elabora
información de acuerdo a datos previos, originando luego razonamientos. Ninguno
de los asistentes conocía previamente el teléfono o el nombre del joven en
cuestión.
En el juego de la copa intervienen espíritus encarnados (es decir con cuerpo,
seres humanos) o desencarnado (incorpóreos, pertenecientes al mundo espiritual)
Para algunos religiosos la inconveniencia radica en la expansión de
conocimientos nuevos, asimilables fácilmente para aquellas personas dispuestas a
conocer más de la realidad.
¿Cómo explicar la inmortalidad del alma, la existencia de seres incorpóreos, de
espíritus, de las comunicaciones entre el mundo material y espiritual. Deberían
indefectiblemente estos religiosos contradecir los basamentos de sus doctrinas.
Pero hay algo real: los hechos existen, las consecuencias y las causas también.
La causa del juego de la copa es la comunicación de un espíritu errante y las
personas intervinientes en este juego, en el cual se necesita no sólo del
espíritu en cuestión, sino además de una o varias personas médiumns, es decir de
intermediarios entre el mundo espiritual y el material. La comunicación se
realiza mediante el contacto entre el periespíritu (fluido, etéreo), que rodea
al espíritu errante y el periespíritu de uno o varios de los asistentes en la
reunión.
El juego de la copa No es ESPIRITISMO; es mediumnismo.
El Espiritismo es Religión, Ciencia, y Filosofía. El mediumnismo es algo
informal, son solamente comunicaciones con espíritus sin estructuras
doctrinarias o conducta adecuada.
El juego de la copa posee una cuota de peligrosidad por el desconocimiento y por
el miedo que genera. La intromisión de espíritus malignos, con propósitos de
asustar a los participantes genera excitabilidad, perniciosa para cualquier
mente desprevenida.
El espiritismo enseña que la persona al morir y pasar a otro mundo, al
espiritual, lleva consigo las mismas virtudes y defectos; es decir que mantiene
su personalidad. La persona bondadosa, caritativa, mantendrá su condición.
Igualmente la persona con errores y defectos.
Es tarea del espiritismo corregir mediante la palabra y las comunicaciones
espiritistas (no solo mediúmnicas), los defectos de aquellos que en su momento
pertenecieron a la Tierra y hoy se encuentran en el mundo espiritual. Todo acto
mediúmnico carente de enseñanza hacia el espíritu que se comunica, como aquellos
asistentes presentes en una reunión; es solamente un fenómeno aislado. El
espiritismo enseña el por qué de los fenómenos, de las comunicaciones y como
rechazar la acción equivocada de un espíritu con deseos de asustar, perjudicar,
o crear miedo. El miedo es causa de la ignorancia. La doctrina espiritista
enseña, todo lo concerniente a la vida, tanto espiritual como humana. Es nuestro
profundo deseo aportar al lector los conocimientos sencillos, explícitos,
necesarios para disipar sus dudas y su desconocimiento.
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